Tras incontables gestiones llevadas a cabo durante años a favor de su aprobación, con enorme alegría y profunda satisfacción, luego de intensos trabajos, se logró la sanción de la Ley 25.028 por la que se exige que para ser martillero y/o corredor es requisito "poseer título universitario expedido o revalidado en la República".
Alborozados entonces, hemos ingresado al Siglo XXI preparados culturalmente para brindar un servicio profesional acorde a los tiempos que corren.
En junio de 1995, la entonces Secretaría Académica
de la Universidad de Buenos Aires, profesora Alicia Camilloni decía
en el Consejo Superior de una de nuestra universidades nacionales que: "
nadie
puede entender qué es el conocimiento científico si no piensa
en la historia de las ciencias, así como nadie puede entender qué
es su propia disciplina si no conoce cómo se ha construido a lo largo
del tiempo". Compartimos el concepto, porque es la historia la que nos
enfrenta con el pasado y nos ayuda a pensar mejor el futuro.
Nuestra profesión como todas las demás tiene su propia historia
y nosotros, como el resto de los profesionales, pensamos poco en ella. Presos
de lo cotidiano, nos adormecemos en la letanía del presente y nos cobijamos
en él como si fuera eterno, y peor aún como si no hubiera tenido
un antes, un ayer. En esta conjugación verbal, el futuro no se advierte
en su dimensión, pareciera que lo que vendrá es obra de los
demás; que es, o será el producto de una combinación
aleatoria de circunstancias. En el plano personal esta actitud nos afecta
individualmente, en el plano profesional afecta a las instituciones.
Nuestra actividad tuvo hitos, muchos de ellos inevitablemente ligados a las
vicisitudes e interrelaciones de los contextos económicos, políticos
y sociales. Sólo es posible comprenderla e interpretarla desde la expansión
de estas relaciones y en el marco de la sociedad capitalista.
Hace 50 años el requisito de idoneidad se cumplimentaba con la presencia
de dos testigos que certificaran la buena conducta del interesado en el ejercicio
de la profesión. En el año 1952 se agregó la exigencia
de un certificado de reincidencia, para pasar luego al ciclo completo de estudios
primarios. Durante el transcurso del año 1978, los propios interesados
entendimos indispensable el ciclo básico; pero la necesidad de capacitación
nuevamente se impuso y se modificaron una vez más los requisitos estableciéndose
la exigencia del título secundario completo y la aprobación
de un examen ante los tribunales de alzada. Finalmente en el año 2000
y, con nuestros propios y legítimos esfuerzos, pudimos establecer un
nuevo requerimiento: la exigencia del titulo universitario.
Como se ve, y en esto no somos originales, la profesión fue desplazando
lentamente a la afición. El diletante, el empírico se transformó,
o dejó paso al profesional pero antes le legó la herencia y
la impronta de la experiencia, que para nosotros tiene un valor bien concreto.
No queremos decir que quienes ejercieron esta profesión antes que nosotros
lo hicieron de manera irracional o exclusivamente intuitiva; sin embargo si
hoy les preguntamos cómo solucionaban los problemas que a diario se
le presentaban, nos sorprenderemos al advertir una lógica de la que
ni ellos mismos son concientes. Aquello que hicieron y los medios que utilizaron
se basaron en el saber y éste para algunos filósofos, no termina
ni en la ciencia, ni en el conocimiento y suele aparecerse frente a nosotros
encarnado en competencias identificables.
Creemos que allí está la bisagra en nuestra historia profesional.
nuestros VIEJOS MAESTROS -así con mayúsculas- nos enseñaron
su saber práctico, pero la natural evolución y complejización
de los contextos a los que arriba aludimos nos condujo a la especialización
del saber y hoy estamos sumando a la profesión, martilleros y corredores
formados en la universidad y profesionales de otras disciplinas cuya formación
de base se produjo en la experiencia sostenida por la vocación.
Pero así como las profesiones, las palabras tienen su historia y en
una analogía forzada podríamos decir que la historia de las
palabras está en su etimología. Profesión deriva de profesar
y encierra la idea de desinterés, no se profesa para buscar beneficios
materiales sino en función de un bien común. Podríamos
seguir largamente con esto y encontraríamos que los profesionales reciben
sus honorarios, de aquí saltaríamos con facilidad al sostenimiento
del honor y de allí a la ética. Pero no es el propósito
de este artículo ningún otro que el de insistir en la necesidad
de mirar hacia atrás para otear el horizonte de nuestra profesión
con un registro previo.
Cuando nos referimos a las profesiones solemos aludir al "campo profesional"
pero no todos los "campos" son iguales. Las profesiones tienen distintas
jerarquías, negarlo es una tontería. Las hay con mayor reconocimiento
social y con menor reconocimiento, tampoco es éste el espacio para
analizar las causas de este estado de cosas, aún cuando resulta interesantísimo.
Diremos únicamente -y no es poco- que en esto también el poder
estar presente, y que la fuerza de ese poder determina de algún modo
el prestigio.
Pero quién sino las instituciones que nuclean a los profesionales,
disponen de los elementos y la fuerza para expandir los límites del
"campo". Está muy bien abrir "la tranquera" para
dejar ingresar al vecino, especialmente si quiere ayudar a que hagamos mejor
nuestro trabajo, pero esa actitud de apertura debe tener la seriedad y la
mesura que exige nuestra responsabilidad con la propia historia.
Queremos precisar el mensaje: recorramos la historia y apropiémonos
de ella porque allí está nuestra identidad, defendamos nuestros
intereses pero fundamentalmente el bien común, ya que ambas cosas no
son excluyentes sino complementarias, ampliemos el horizonte del futuro mirando
en otros campos y abriendo el propio porque el intercambio generoso enriquece,
y finalmente no dejemos de pensar críticamente, el tiempo que vivimos
nos lo reclama.
En síntesis hoy podemos asegurar que los martilleros y corredores públicos
aprendimos la lección de nuestros viejos maestros, pero a la vez, como
indicamos, los tiempos y los acontecimientos nos acercaron al viejo proverbio
árabe que manifiesta : "La sabiduría no se traspasa, se
aprende" . Baste para ello mirar las seis universidades nacionales y
las tres privadas que cuentan entre su oferta, la carrera de y para nuestra
profesión.
Instituciones que dictan la Carrera Universitaria de Martillero-Corredor- Tasador:
www.isel.edu.ar Instituto Superior de
Estudios Lomas de Zamora
formartilleros@speedy.com.ar Instituto Superior de Formación Técnica del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de La Plata con articulación Facultad de Derecho de la UNLP
www.ucalp.edu.ar Universidad Católica de la Plata; Facultad de Derecho - Unidades académicas de La Plata y Bernal
www.unimoron.edu.ar Universidad
Nacional de Morón
www.unlm.edu.ar Universidad de La Matanza
www.cmcsi.com.ar Instituto Superior de Formación Técnica del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos de San Isidro con articulación Universidad de San Martín
www.ufasta.edu.ar Universidad de Mar del Plata
www.cia.org.ar Cámara Inmobiliaria Argentina
www.ucel.edu.ar Universidad del Centro Latinoamericano
www.el-martillero.com.ar Colegio Montserrat (Córdoba)
Carrera Universitaria